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miércoles, 23 de febrero de 2011

Febrero de estampa

Lamento que mi blog no tenga la continuidad que hace unos meses llegó a tener, pero los compromisos y mi alienación personal no me dejan libre esa hermosa partícula mental llamada tiempo. El desespero que genera la ansiedad que querer y no poder me obliga a escribir en el editor de texto de blogger y no logro abrir WinWord aunque la diferencia de tiempo resulta una nimiedad.  
Tomaré prestada la frase "Un viernes que no se deja pensar" porque al ser de otra persona, también me pertenece. Y no me pondré a explicar ello. 
Febrero dio mil vueltas, más allá que las que puede implicar un mes con tonalidades o matices de días cálidos y aquellas jornadas grises que sólo aumentan un riesgo inminente de sufrir un ataque de amor por el hogar, al ver que allí es el único sitio seguro para resguardarnos del frío que suele acabar con el temperamento de muchos. 
No lo haré en cronología para no ser tan obvio. Éste, como muchas otras entradas tiene caracteres personales. Comencemos por lo bueno. Por la sumatoria de nuevos y buenos amigos. Debo decir que aún soy un poco esquivo a crear nuevas amistades por un trauma de decepción que todavía camina por mi mente. Pero aprendí en este mes que las cosas no son así, y que donde uno menos cree puede encontrar personas más valiosas y más enteras por así decirle. Y no quiero hacer a conocer que mi vida tomó nuevas personas, siempre ha contado con individuos geniales, aunque fue necesario cambiar de rumbo para no seguir pegándole al suelo con lo más privilegiado de mi frente.

Como lo diría El Gran Combo de Puerto Rico en una de sus extraordinarias presentaciones en Manizales, Me liberé. Renuncié a seguir siendo una ratica de laboratorio a quienes sólo iban los tratos de problemas. Y fue en ese concierto cuando más feliz me sentí. Me encontré con Lilia, quien hace unos años me dijo que debía estar presto para que en cualquier momento fuéramos al concierto de ELG a cantar su canción. Ámame. Un himno que yo transformé en mi canción de batalla. Y fue la quinta en sonar y con eso tuve. Espero que ella, desde el cielo o cualquier lugar Platino donde lo haya visto, hubiera disfrutado tanto como lo hice yo. Una noche épica. 
Qué correríos, como los que tuve que volver a tener en mi segundo paso de vida por la prensa.  Cuando tocaba echarme la historia a tratar en las espaldas y cuidarla como un hijo que se puede ir a cualquier cuneta. A sentir orgullo y no dejar que nadie invada el espacio. A luchar por la noticia, sentir el estrés de estar sobre el tiempo y querer entrevistar a quienes no se dejan, pero a ello sí quiero adherir que cuento con la suerte del principiante. Porque febrero me enseña que todo se paga, sea bueno con felicidad o malo con retaliación. Me enseña siempre que primero fue lunes que martes, y no me lo digo solamente, también lo comunico a quienes creen que en la facilidad está la sobriedad. Así no es, pero yo no quiero adoctrinar al mundo de cómo vivir. 
En el registro, la número 11. Cada uno hace su propio pie de
foto
Un sábado del mes, tuve la experiencia de ir al sitio que más me repudia de toda la ciudad. La plaza de mercado. Es probable que yo también haya comido del mismo pan en el que se hizo una idea mediática de que en ese sitio lo único que hay es hampa y frutas viejas. Porque de nuevo, la vida de dijo que no juzgara al libro por su portada ni por su estado. Aunque, obviamente sí tengo mis diferencias, aprendí que hay gente muy valiosa allí, dispuesta a ayudarme... y con esa colaboración me eché un 'cinco' al bolsillo.
Tomé esta foto, la que me merece orgullo y muchos significados. Les regalo la fotonotica. Espero que quien quiera lo interprete a su manera y disfrute de un momento de encuadre de esos únicos en la vida.
Y mientras tanto, eso es todo por hoy... porque mañana viene ya y queda mucho por escribir. 
Feliz vida.
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jueves, 10 de febrero de 2011

Stop Motion

Laura López Ríos protagoniza un entretenido Stop-motion short film. Éste contó con la dirección de Andrea Ochoa. Disfruten un buen video hecho con base en fotografías de días soleados.
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viernes, 28 de enero de 2011

Diatriba a Celar.

Soy uno más de los manizaleños resentidos que odian ver a un ser en las porterías de diferentes inmuebles implantando terror y autonomía. Son pequeños dictadores desgraciados los celadores que se creen dueños de los edificios. 
Porque celar es nuestra naturaleza ♫
Hace mucho tiempo vengo diciéndole a mis amigos y conocidos que no tolero a los celadores de la 'marca' Celar. Ese azul, con ínfulas de Principito fracasado no es de mi entero pasar. 
Estoy por confirmar que en el curso para celador; si es que existe; deben dar una clase de maltrato personal, otra de lenguaje facial ofensivo y otra de amnesia visual. Explico la última debido a que con mucha frecuencia asisto a un edificio que contrata los servicios de Celar, y por lo general el mismo celador está "haciendo guardia" y olvida mi cara y mi nombre. Reconozco que muchas personas pasan por allí y que para un guardia de servicio debe ser dificil memorizar, pero en el caso de que se asista cinco de siete días a la semana, queda muy difuso saber en qué piensan, o en qué duermen.
Estos duendecillos modernos del arte de ser centinelas, cumplen como el 99% de los celadores su principio básico. Dormir en la noche. Hay que entenderlos, debe ser igual a ver a otras personas beber alcohol o para el fumador, ver a un amigo fumar y tener que abstenerse de hacerlo. Soy una persona que odia interrumpir el sueño ajeno, y por eso sólo apelo a dar pasos firmes en la silente noche para que el despertar no le sea tan dramático y traumático para nuestro amigo celador de Celar S.A.
Jamás he comprendido por qué los bancos dejan la entera responsabilidad de indicar a la señora de 90 años que llega por su pensión, por dónde debe acceder para finalmente llegar al cajero, quien tendrá la honra de decirle que aún no han consignado y que vuelva más tarde. Pero no seamos injustos, ellos solamente están cumpliendo órdenes, a su modus operandi, pero las están cumpliendo.
Nunca he tenido problemas con los señores de Vigitecol o Colviseg, o aquéllos que se visten de montañistas. Sólo con los de Celar. Porque mi universidad los emplea para que realicen una requisa de ojo todas las mañanas que jamás termina en algo útil. La misma empresa que emplea una mujer malacarosa, que requisa al entrar un metro a la biblioteca, así usted sólo haya entrado por error y ella, entonces, cree que usted ha cogido, dentro de esos cien centímetros un libro y por ende quiere confiscarle.
Porque ya no tolero más el amigo maleducado y amargado de todas las noches en el sitio de café, que con su cara de niño puberto nos echa todas las noches pasadas las nueve. Pero que alguien me explique el gorrito qué utilidad tiene. ¿Estarán a caso inspirados en la guardia real de la Reina de Inglaterra?
Por ahora me limitaré a dirigirles el saludo, antes de que ellos empiencen a lucir con su tradicional 'dignidad' de que ellos celan por naturaleza. 
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jueves, 27 de enero de 2011

Jueves.

       Al comienzo de este blog, escribí acerca de lo especial que había sido un miércoles. En ese entonces escribí un título tal como "Un miércoles como hoy". Todo ha cambiado dramáticamente, para bien y para mal. Probablemente los protagonistas ya no somos los mismo, porque estamos absortos de la cruel realidad y nos hemos dado a la pena de aceptarnos como no somos en este nuevo año. 
       Los jueves para mí han durado más de lo que traslada un día como estos comunmente en otros años. Hoy es diferente. Hoy le estamos dando cabida, mi alter ego y yo al rencor. A aceptar el desahogo cuando debe ocurrir. Los jueves hay Glee en FOX, ocurría antes el Thursday Night Football de la NFL, se mueven muchas acciones en las bolsas del mundo, se comen frijoles de almuerzo y empanas de comida en mi casa, se maldice al amanecer por levantarme temprano al igual que a los trabajadores de la construcción que queda a 50 metros de mi hogar. Los jueves como hoy no vienen inscritos en el calendario con un adjetivo que diga si fueron buenos.
        Es la presión de la vida la que nos obliga a darle un significado a nuestros días. A tomar el vicio descarado e inane de generalizar las actividades, pensamientos y desgracias cotidianos en un grupo monetario. De bueno y malo. Unas personas que nos rodean nos inspiran a botar todo a la basura, a no seguir, a vivir en medio de la indiferencia por amargos recuerdos y esclavizantes memorias de un pasado que se desvanece entre sangre y cesos. Pero también hay esos seres que nos comparten una sonrisa diaria. Que mostrando una sincera y amable carcajada nos ayudan a comparecer ante la realidad con un movimiento facil de júbilo. Ellos en últimas, se convierten en una buena razón para vivir. Prefiero una sonrisa y un abrazo de apoyo, que una actividad memorable para dejar en el escritorio y de allí jamás crecer. Yo no cambio una gallina por una canasta vieja de huevos desgastados.
        El jueves es el quinto día de la semana, el cuarto de labores en occidente. El preámbulo de un muy cuestionable y curioso fin de semana. Allí es cuando muchos botan su tiempo en actividades con otros seres. Más de uno decide tomar una actitud falsa y apuestan por ser quienes no son y finalmente es el día de empezar a madrear la rutina, la cotidianidad y lo insulso que puede resultar oír el mismo discurso de siempre. Un jueves intenso, muy intenso fue éste. Hoy no hubo pulpo paul, ni hermanos, ni partidos de mundial de fútbol. Hoy sólo hubo soledad compartida. Eso fue todo con el dolor de la incomprensión. 
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miércoles, 12 de enero de 2011

Natalicio

A mí me dijeron que hiciera a la 1:00 am del 11 de enero de 2011 un  discurso. No sé si mi audiencia recuerde lo que dije, pero permanece en mi memoria la digresión más grosera que haya hecho para cumplir con el deber del habla. Probablemente, encuentre en este hogar, mi blog, otra forma para llevarles por escrito la nada que me provoca escribir algo en este momento.
No quiero pasar por las tendenciosas y peligrosas estadísticas, ni repasar la paradoja del cumpleaños que señala las altas posibilidades de conocer a alguien que tenga un aniversario de su natalicio el mismo día y que por ende afecte la atención mediática que éste puede acomodar. En fin, dicen por ahí los desdichados de los número que se comparte el cumpleaños con cerca de un millón de personas. ¡Qué buena fiesta sería ello!
Legalmente, un día tiene 24 horas locales, pero lo que muchos no saben es que un día puede durar 28 horas si se cuenta todo su paso por la superficie terrestre. Por ende, en medio de mi afán, me gusta celebrar el mío desde el 10 de enero hasta su terminación el 11 del mismo.
Un cumpleaños es socialmente el día más ocupado del año, el día en que sentimos que nos quieren y no logramos querernos. Es un día que pasa en bruto hasta que el día expira y uno entiende por fin que después de toda la kermés, quedó tiempo para agradecer y pensar que vivir es algo grandioso. Me parecen miedosas, e inclusive tétricas, esas personas que no sienten nada por llegar a un año más de vida. Es un logro sobrevivir en las condiciones que la realidad nos ha puesto el gobierno y la existencia.
El cumpleaños es más importante que la navidad de Jesús, que el año nuevo gregoriano, que San Valentín o cualquier celebración múltiple. Es el único derecho que el gobierno NO le puede arrebatar a alguien, a poseer un día y a sentirlo.
De mi parte, fue genial. No hubo ningún pero, y me siento orgulloso y feliz por todo lo que allí, en ese largo día ocurrió. Mi natalicio, fue volver a nacer años después del nacimiento biológico. Nací para mí, nací para cambiar lo que la minoría de edad poco a poco atrofiaba.
Pronto escribiré cosas más generales y de interés del público criticón. Gentiles todos.
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