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domingo, 10 de abril de 2011

Vale más el papel

Pago mínimo: $ .49.00 En síntesis el maravilloso banco The Hong Kong and Shanghai Bank Corporation HSBC 滙豐控股有限公司 me facturó un papel con obligación de pago de 50 pesos colombiano COP moneda corriente para el próximo viernes. 
¿Quién, con algún tipo de ahínco va a gastar energías o en su defecto pasaje en ir a un banco a pagar con la moneda más menospreciada de toda la alcancía? ¿Quién se ofrece a ir al banco y pagar mi factura por 50 pesos? Aclaro que yo suministro el efectivo para saldar tal cuenta titánica. 
Para ser más claros, vale más la impresión de la hoja o el sobre... y no hablar del envío, porque tal cuenta arribó a mi hogar un domingo en la mañana, cuando, según conozco los envíos son algo más caros. Pero así es la vida anormal de los bancos. Ellos deben tratar de sacar el máximo dinero y ahora también el máximo tiempo de sus clientes para llevarles todo lo que ellos necesitan. 
Éste es el dato #fail del día.
Pd: Mi madre me dice que para liquidar finalmente un impuesto del teléfono del Jorobado de Notre Dame, o Juan Manuel Llano cobraron 50 pesos también para poder saldar completamente, y así cerrar la cuenta de dispendioso impuesto. Vaya vaya vaya. 
Todo por hoy. 
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viernes, 8 de abril de 2011

The Bottom

El fondo. Sí señor lector. No es botón. Es el fondo. Quería que se llamara este post: 'Cuando se toca fondo' pero resultaba muy llamativo para tan lúgubre escritura. Y es que esta semana se puede ir solita caminando hacia el pasado que no le necesita sino para que allí figure. Porque las memorias constructivas que deja son tan indiferentes como los mismos causales. 
¿Qué se puede hacer cuando se toca el fondo? Salir, mucho dirían por obviedad de ése. Pero qué hacer cuando no se puede coger la misma ruta de antes sino que hay que ingeniarse otra forma para no volver a caer. La respuesta allí está desaparecida. 
Como dirían los gringos, "it's the bottom of the hour", lo que significa la parte más profunda de la hora, es decir, las :30 de cada hora. Espero que después de aquí, vuelva a tener mis minutos en el top de la misma hora. O al menos faltando un cuartico. Algo que justifique tanta vaina deshumanizadora. 
Todo por hoy.
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miércoles, 30 de marzo de 2011

Los amores y los odios marca Blackberry

Es una moda. Es una tendencia. Es increible. La marca canadiense de tecnología Research In Motion (RIM) se ha hecho un muy buen dinero en Colombia gracias a las existosas ventas de sus aparatos de comunicación celular que van más allá de ser un simple teléfono. 
Recientemente, la palabra Blackberry se disparó en popularidad. Yo aún soy lento en ello. Ni siquiera sé a qué género pertenece. Yo les llamo 'los' blackberry' y no las 'blackberry'. Amigo, la traducción al español como 'mora' no tiene  nada que ver. Llámelo como quiera. 
Muchas personas tenemos un dispositivo Blackberry, la mayoría con diferentes intenciones. Para muchos tener el teclado como facilidad de entrada de texto era una gran ayuda. Para otros muchos, tener comunicación vía chat (de las que odio) por un Identification Personal Number (PIN) y no poderse desconectar ha sido el mejor de los inventos. Para mí, es ir con mi oficina periodística a todos lados ya averiguar lo que quiera mientras me encuentre en la red.
Pero este 'aparatejo' como le llaman muchas tías consume personas. Les hace olvidar las reglas del muy desconocido Manual de Carreño. Y muestra cuand faltas de educación son muchas personas cuando al hablarles están más interesadas tecleando que cumpliendo con el acto que confiere la presencia. Señor usuario, si usted es adicto y no es capaz de despegarse del chat, dígale a su interlocutor virtual que primero está el presente que el ausente. Habrá tiempo después para seguir con la charla. 
Reconozco, como usuario de RIM hace mucho tiempo que esta vaina genera mucha adicción. Pero debe saber que generalmente, el Blackberry en lugar de mejorar la comunicación, la debilita y finalmente logra su objetivo, simplificar todo. 
Al parece este aparato aún no pasa de moda, y todavía le queda mucho tiempo dando de qué hablar. Quienes antes lo criticaban, ahora se consumen hablando por éste... y finalmente creo que ya pronto la dependencia a la comunicación marca RIM será una enfermedad mental de la que se debe enseñar en las escuelas sicológicas. 
Si se siente feliz de tener un Blackberry, recuerde que está siendo rastreado por las ondas 3G y EDGE que emiten estos aparatos que tienen GPS incluído. Sus ojos reducen su capacidad y los problemas con el síndrome del túnel carpiano aumentan. 
Probablemente, si usted no tiene uno me dé la razón en algo, y si lo tiene también... pero reconozco que este vicio consume y que ya estoy hasta el PING de que me ignoren mientras hablan con el ausente. Por mucho tiempo no habrá una palabra definitiva, pero por algo dicen que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Mi generación es la que más ha sufrido por culpa de RIM o más a gozado a cuenta de Blackberry. Sólo queda esperar qué nos queda en un plazo de 10 años para saber cuán enajenados de nosotros mismos quedamos.
Todo por hoy.
PD: Por el amor a su madre y padre, no le abrevie 'BB'.  
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lunes, 28 de marzo de 2011

Una de las dos partes


Conversar suele ser un acto que se realiza entre un emisor y un receptor, quienes mantienen un código parejo para entender y comprender las señales emitidas.
Muchas veces la beligerancia del mensaje cambia completamente las intenciones de la conversación. Tal vez como dice Nietzsche, una idea es magnífica y convincente pero no la aceptamos por la forma en la que ésta es dicha. Pero es diferente cuando las conversaciones, de largo alcance sólo se confieren a un agente. Un tabernáculo de preguntas inertes que sólo merecen secas respuestas y que a la larga generan frustración. Pero la vida es una simple polémica en la que las cosas no se pueden meter debajo de la alfombra, porque ella se va llenando y a la hora de hacer limpieza, no hay jabones que funcionen bien ni químicos que logren limpiar las manchas impregnadas.
A veces brotamos de las cenizas para comunicar cambios y tratar de generarlos. Pero a veces, nos dejamos convencer de simples ideas, viejas y reciclables que nunca han funcionado y el cambio que han propiciado no va más allá de una mínima magnitud. Recientemente en mi ciudad, se quieren cambiar las cosas sin escuchar, sin negociar y sólo imponiendo una actitud que genera descuido y que a la hora de las cuentas es factor fundamental para abortar todo tipo de proposición. Porque nos falta escuchar más. Debiéramos darle a nuestros sentidos función según su cantidad. Sentir siempre que podamos hacerlos, oír con ambos oídos para luego escuchar, ver por ambos ojos analíticamente y finalmente, útilizar la boca en lo mínimo para decir sólo lo que la soledad de su ubicación permita decir. Y si es por las manos, son dos, pero vienen del mismo lugar. Porque el chat es una mentira algorítmica de relaciones.
Existe un dicho que afirma que un bobo 'emboba' a mil. Más si son una masa pasiva que ni sabe que es representada o que finalmente juegan con su voz como si fuera la de todos. Ya basta de representaciones babiecas. La mayoría peleamos por la generalización, pero muchas veces la defendemos con nuestros mismo actos. No gustemos de ser como los iconos de Microsoft Network (MSN) Messenger, muñecos sin cara e iguales, con la diferencia del color que indica si como un semáforo estamos disponibles o no. Es mejor dar la cara.
Porque para hablar se necesita más de uno, y para discutir una sincronización. Y el resto, cada uno lo completa. Qué no le dejen hablando solo, puede que sea la peor de la humillaciones sentirse ignorado por los órganos que no se pueden cerrar como los oídos y quien más desgraciado que el mismo Súperyo para dedicar tal diatriba. Es mejor esperar para meditar la respuesta, que agredir con la pregunta.
Todo por hoy.
...Y sí, acepto que siento un odio cada vez más grande por el gran sistema de comunicaciones y tecnológico, aunque deba depender de él para gran parte de mi labor comunicativa... porque a quien no quiere caldo, se le dan dos tazas.  

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domingo, 27 de marzo de 2011

Voluntad para la culpa

Es simple, a nadie le gusta que le echen la culpa y aún menos, poseer las causas del caos. Siempre evitamos eso. No sé hasta qué punto nosotros como humanos gustemos de huir de las cosas, pero sí está claro que la resaca es la forma más innata de reconocer que queríamos cargar con la cruz de la gastritis, el dolor de cabeza y el malestar en general por medio día. 
Algunas veces he tenido el singular pensamiento de que quiero tener guayabo y que si ingiero alcohol, sé que al día siguiente no iré como un judío errante quejándome por lo que hice sin decir ningún pero. 
Tengo voluntad a la culpa, a ser masoquista pero reservado. A hacer las cosas que me gusta hacer pero que muchas veces generan más dolor y pesadez que cualquier beneficio. Pero así es la vida. No está escrito con el alcohol sino con la vida, porque ocurre emotiva y gástricamente... Las cosas, como buenas pruebas propuestas con autonomía, no se dejan olvidan, sino que se superan.
Todo por hoy. 
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